Recuperar los «soft skills»… ¡Finalmente!

Recuperar los «soft skills»… ¡Finalmente!

Recordemos que, hoy en día, todas las competencias humanas y relacionales se conocen como «soft skills» (literalmente «competencias suaves», y que a veces se traduce también de manera implícitamente restrictiva como «habilidades blandas», por contraposición a lo que serían las habilidades «duras», es decir, viriles, objetivas y técnicas). Es decir, todas las cualidades esenciales y todas las dimensiones del  saber estar que marcan la diferencia en el trabajo entre una persona y una máquina, y que la enseñanza en Francia (en el ámbito universitario y en las grandes escuelas) lleva largo tiempo considerando aspectos insignificantes o, en el mejor de los casos, cualidades innatas.

La formación de médicos, abogados, profesores, directivos o ingenieros se ha centrado mucho en la enseñanza de materias, técnicas, razonamientos, habilidades y procedimientos,  y muy poco en la forma de ejercerlos de una forma viva y justa en relación con los demás y con el mundo.

Sin embargo…

Hace ya tiempo, a un joven director le habría resultado más útil aprender a dirigir una reunión, negociar un conflicto, seleccionar a un colaborador o redactar una nota de síntesis antes que dominar desde la escuela técnicas de consolidación avanzadas, ecuaciones financieras y otras matrices teóricas. Del mismo modo, un joven profesor de Matemáticas en el instituto encontraría mucho más práctico saber cómo «afrontar» una clase conflictiva, asentar su autoridad o despertar el interés de sus alumnos antes que dominar ecuaciones muy complejas.

Pero, en el futuro, esto será aún más válido, ya que las competencias «soft» son las únicas que no se van a «uberizar» ni «robotizar» en aquellos ámbitos en los que muchas personas corren el gran riesgo de modelizarse, convertirse en algoritmos y disolverse en una tecnología cada vez más presente. Si los coches se conducen de forma autónoma, ¿de qué sirve dominar las técnicas de conducción, incluso sofisticadas?  En cambio, la cuestión de saber adónde vamos, con quién, por qué y cómo despertarles las ganas, no se podrá resolver a través de la automatización.

Sobre todo, en un mundo donde la antigua y la nueva generación están condenadas positivamente a convivir a pesar de sus evidentes diferencias, ya que a las generaciones jóvenes les encantan estas competencias relacionales que consideran fundamentales y que piensan que la escuela a menudo no les ha transmitido. Sin embargo, estas competencias son también las más susceptibles de ser bien aceptadas por los más mayores, habida cuenta de la experiencia y de la madurez. De hecho, integrar a los jóvenes y asesorarlos en el trabajo ya no supone enseñar una técnica –sobre todo, porque las técnicas antiguas se quedan obsoletas cada vez más rápido, y los jóvenes suelen dominar las técnicas nuevas mejor que los mayores–, sino ayudarlos a comprender cómo deben comportarse.

Independientemente de si se trata de mantener su propia posición o de hacer trabajar de forma conjunta a generaciones (muy) diferentes, de identificar un marco de posibilidades, de seleccionar a un joven talento o de fomentar la agilidad y la transformación digital, la cuestión de la identificación y del desarrollo de competencias «soft» se convierte en un asunto clave. De hecho, el experto técnico con experiencia demostrada es, en cierto modo, una figura ya del pasado o, en el mejor de los casos, un activo relativamente marginal que no deja de renovarse. En cambio, el jefe de proyecto, el moderador, el asistente, el evaluador, el negociador, el comunicador y el empresario deben desarrollarse en cada uno de nosotros, lo que requiere un mayor reconocimiento y una mejor formación.

De hecho, el mundo del mañana será «soft», o no formará parte del futuro. Más abierto, más flexible, más femenino, más transversal, más colaborativo. Más civilizado. Más móvil. Más interesante.

¿Por qué no celebrarlo?  Y prepararse para ello.  ¡Todos juntos, por supuesto!

Nadia Nardonnet, Directora General, PerformanSe

 

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